sábado, 26 de agosto de 2017

EL MECHERO


  • ¡Mierda mierda! - exclamó frustrado.

Lo tenía todo preparado, pero se había olvidado el mechero. El puto mechero. Rememorizó sus últimos pasos tratando de recordar cuando fue la última vez que lo había utilizado. ¿Se lo había dejado en el bar donde había almorzado? No... Allí no lo había usado. Siguió pensando. “¡Mierda, Miguel!” dijo para sus adentros recordando que se lo había dejado a su amigo para que se encendiera un cigarrillo. “Ya podría comprarse sus putos mecheros, siempre hace lo mismo. Te pide fuego y se apalanca el mechero”. Abrumado por el kaos que le rodeaba, corrió a buscar refugio en un callejón cercano. Ahí se enconró a una chica sentada junto a unos contenedores. La primera reacción que tuvo ella fue asustadiza, pero al verle bien, le inspiró confianza. Con sus ojos, la única parte de la cara que se le veía a la chica, le invitó a sentarse a su lado.

  • ¿Joder, vaya movida, no? - le dice ella apartando el palestino que le cubría la boca.
  • Ya ves – contesta él impresionado por la belleza de la joven muchacha – y encima yo me he quedado sin fuego.
  • En eso te puedo ayudar – dice ella tendiéndole un mechero – te lo puedes quedar, yo ya me he quedado sin gasolina.
  • Perfecto, luego corremos hacia el norte y nos vamos de aquí, ¿te parece? - le propone él.
  • Me parece – le contesta la chica asintiendo con una sonrisa enamoradora.


Se apresuró él entonces a encender el trapo y lanzó así un cóctel molotov con su corazón lleno de amor.


miércoles, 26 de julio de 2017

ODA A UN GUERRERO

Hoy hay una estrella más en el cielo
y el mundo es un poco peor.
Si hubiera algún plan divino,
sin duda esto sería un error,
un hecho que despeja dudas,
no puede existir ningún Dios.

Te fuiste demasiado pronto,
te llevaste un pedacito de corazón,
de todos los que nos cruzamos contigo,
aunque fuesen pocas veces,
tu influencia fue mayor de lo que crees,
y es duro decir adiós.

No puedo imaginar tu lucha,
no puedo sentir tu dolor,
siempre fuiste un guerrero,
y conocerte fue un honor.

Con los ojos húmedos sonrío,
recuerdo tu vitalidad,
tu alegría al brindar,
tu ansia por perseguir tus sueños,
para tantos inspiracional.

Te deseo un buen viaje,
y que no te sientas solo,
estás donde acabaremos todos,
nos veremos en el otro lado,

gracias por tu existencia, Ikari warrior.   

lunes, 12 de junio de 2017

NO TE VAYAS

No huyas por favor,
te necesito a mi lado
para soportar la desolación.
Quédate te lo ruego,
quiero verte luego
pero siento como te alejas.
Tú que siempre viviste entre mis cejas,
ahora me das la espalda
cada vez mas a menudo,
y eso me deja mudo.

No siento tu fluir,
como si las tuberías que te traían tuvieran un nudo,
que no te permitiera entrar.
No consigo retenerte,
y envidio al que si pudo,
sintiendo tu ausencia,
que me deja mudo
mientras me hundo en la mediocridad,
me arrastra la mendicidad,
por no encontrarte a ti,
a quien mas necesito en mi soledad.

Siempre conté contigo,
y te mantenías conmigo,
aun cuando me miraba el ombligo
y por eso hoy te digo
que te necesito y te pido:
No me des la espalda,
pues solo tu mirada, me da la felicidad.
Sin ti estoy maldito,
detestando la piel que habito,

por favor no te vayas, CREATIVIDAD.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Fried noodle. No meat.


 El año pasado, pasé dos meses viviendo en la capital de Cambodia. Phnom Penh. Vivía cerca del “Russian Market” donde, gracias a una amiga, descubrí que preparan unos fideos bastante buenos por poco más de un dólar. Al acercarte a la tienda, la mujer que los prepara te preguntaba si los quieres con pollo o cerdo, y yo se los pedí sin carne. Me preguntó que si comía huevo. Desde ese día fui allí a comer en varias ocasiones, tal vez más de diez, hasta el punto de que la mujer, nada más verme, me sonreía y me preguntaba “ fried noodle no meat egg ok?” Agradecí mucho encontrar aquel puesto de comida, ya que a menudo es difícil entenderte con los locales para comer sin carne en un país donde puedes encontrar como menú cerdo, pollo, saltamontes, castores o perro entre otras cosas que no me quiero ni imaginar. Aquí tenía la oportunidad de disfrutar una experiencia local sin renunciar al mis convicciones y, porque no decirlo, ahorrarme un dinero, puesto que para encontrar comida vegetariana lo mas normal es acudir a restaurantes en los que la comida te sale por unos tres o cuatro dólares. Que aunque pueda parecer barato para nuestro estándar, de verdad os digo que cuando viajáis por mucho tiempo y con presupuesto ajustado, son este tipo de ahorros los que marcan la diferencia.


Este año, de paso en la ciudad, decidí visitar el puesto de fideos. Me lleve una grata sorpresa al ver que habían diseñado un menú que estaba en khmer y en inglés y en el que se incluían dos opciones para vegetarianos. “Vegetarian fried noodle” y “Vegetarian noodle soup”. Además el negocio parecía irle bastante bien a la mujer, pues tenía empleados. Tal vez sean delirios de grandeza, pero me gusta pensar que colaboré a que ello sucediera. Ahora, en el Russian Market de Phnom Penh, donde se junta tradición camboyana y visitantes extranjeros, hay una opción vegetariana visible a todo el mundo y asequible. Y funcionando como funcionan los negocios por estas zonas, no me extrañaría que en breves todos los puesto del mercado sigan su ejemplo. Si en lugar de haberlo pedido, hubiera tenido miedo o vergüenza, por aquello de evitar una situación embarazosa en la que te ofrecen algo que eres incapaz de comer, tal vez ahora todavía sería difícil conseguir un plato vegetariano en el mercado. Eso me hace pensar en que a veces solo hay que mostrar la necesidad para que ocurra un cambio. Y me viene a la cabeza aquella cita de “se el cambio que quieres ver en el mundo”. Aunque todavía tengo que trabajar mucho en mi propia persona para creer que soy el cambio ideal para el mundo. 

viernes, 26 de mayo de 2017

¿Cuántas veces? (Vídeo)


-Acción- Me digo a mi mismo. Estoy solo en mi habitación, la cámara está grabando y soy el único actor. Quiero hacer una lectura de una de mis poesías, que suene profunda, que guste, que alguien se emocione al escucharme. Aquello que se dice, “que llegue”. Sudo, me pongo nervioso, a pesar de ser el único imbécil en la sala, me pongo a sudar como si estuviera a punto de recitar mi poema delante de una audiencia incontable, un estadio tal vez. Maldita inseguridad. Hace frío, es de noche y pleno invierno, así que salgo a refrescarme y a ver si se me seca el sudor. Con suerte no pillo un resfriado. Pienso en dejarlo, estar frente a la cámara no es para mí, yo soy más de estar detrás, de maquinar en las sombras, de escribir las ideas, de contar cosas sin estar presente y así evitar el juicio directo. Que sean olvidadas si fueron malas y que solo me lleguen los “Ey, leí tu relato, está muy bien”, sin que pueda ver las caras atónitas de aquellos que opinaron que el mismo relato era un montón de palabras masticadas, tragadas, bañadas en jugos gástricos y vomitadas. Delante de la cámara me siento expuesto, desnudo, pero lo tengo que hacer, aunque sea solo por romper ese miedo. Entro en mi habitación, y empiezo.

Intento recitar de memoria, pero no me lo sé lo suficientemente bien. Pienso demasiado entre versos, y se escuchan los “eee” y “mmm” que evidencian que estoy pasándolas putas para recordar la mierda que yo mismo he escrito. Aun así llego hasta el final, y pienso que no hay nada que la edición de vídeo no pueda solucionar. Y una mierda. Tras recitarlo un par de veces ante las cámaras veo lo grabado y esta todo mal. Y cuando digo todo mal es todo mal. El tono de voz, la interpretación, los espacios entre palabras, las respiraciones exageradas. A la mierda. Lo borro todo sin pestañear y vuelvo a plantar la cámara en el trípode. Grabo. Pero esta vez leo directamente. Mi interpretación es ridícula de todos modos, así que no se forma ningún sentido en mi cabeza que me diga que es buena idea interpretarlo como intentando transmitir algo mediante mi lenguaje corporal. Así que decido leer recordando los recitales de Bukowski, y dejar la interpretación para las imaginaciones de los que decidan darle al play y mirarme. Lo importante es que lleguen las palabras de forma clara y concisa a los oídos de los posibles espectadores. Así que simplemente adopto un tono de voz claro y alto, y leo pausadamente. Repito el proceso unas cuantas veces y me olvido del sudor frío de mis axilas.


Bueno, ahora esta mejor, aunque aun me da cosa verme, me pone nervioso, me molesta pensar que tal vez se vea ridículo a ojos de terceros, pero me da igual, está decidido. Meto los archivos en el ordenador, limpio la voz y lo visualizo, una vez, y otra... y unos cuantos meses después consigo vencer la inseguridad, al menos un poco, y subirlo a la red dispuesto a recibir los golpes, y los halagos. Aquí lo tienen:

miércoles, 10 de mayo de 2017

FRONTERAS

 Llego a la frontera. Para abandonar el país me piden dos dólares. Una estafa normalizada que se llevaba a cabo por la policía fronteriza en varios países de este área del mundo. Suelo pagar sin rechistar. Estás en una frontera de un país desconocido tratando con la policía que sabes que a menudo es la ley. Todavía no se cuestiona, por norma general, aquello de ¿Quién vigila a los vigilantes? Y veo a todos los turistas pagar sin si quiera preguntar el por qué de dicha tasa. Pero últimamente he leído varios artículos de personas que han conseguido que les sellen sin pagar. Y un poco harto de que la policía me robe el dinero, decido plantarme, y no pagar.
Empiezo pidiéndole al policía un recibo de lo que pago, recibo que, por supuesto, no existe. Se me acerca una pareja francesa, el chico me pregunta que está sucediendo y deciden unirse a mi causa, con mucho más ímpetu del que tengo yo. Somos los únicos en la frontera puesto que el resto de los turistas han visto el proceso como un mero trámite. La mayoría de la gente, en la que me incluyo, normalmente aceptan estos pequeños robos, por aquello de “Es lo que hay”. Plantar cara a la corrupción no parece ser una opción, no vaya a ser que algún día cambie. Dos dólares para salir del país, dos dólares que se van directos al bolsillo del policía. No van a pagar escuelas ni a mejorar la vida del país. Son dos dólares que no hacen mas que colaborar a la desigualdad y a la mezquindad de la mayoría de los agentes de policía del país, que se nota que se hacen agentes de la ley por avaricia y no por patriotismo o sentido de la justicia. Me piden estos dos dólares por salir de Laos, y luego cinco mas, ya en territorio camboyano. Cinco dólares extra sobre el precio oficial del visado, claro. La cantidad no es muy grande, pero es una cuestión de principios, aceptarlo es aceptar la corrupción sistemática.

El francés, con fuerte determinación le pide por favor, sin perder la sonrisa, pues sabe que en el sudeste asiático lo peor que puedes hacer es perder las formas si quieres conseguir algo de alguien, que le estampe el sello de salida sin pagar los dos dólares. Que sabe que no tiene que pagarlos porque se ha informado en la embajada. El agente se niega en rotundo. Todos se niegan, todos parecen estar bajo las órdenes del que mas habla con nosotros. Un señor con pelo corto y dientes de rata. De hecho, cuando pregunto a la oficial de la ventanilla de al lado, parece sentirse avergonzada, o culpable, pero nos señala a su compañero, el dientes de rata, como si ella no pudiera decidir. Cuando el chico francés le explica a Dientes de Rata que se ha informado en la embajada de que no tiene que pagar, el agente de policía hace como que no nos entiende, dice no hablar inglés, solo cuando le interesa. Luego nos dice que en Camboya por el sello nos piden cinco dólares, y que él solo nos pide dos. Como si tuviéramos que agradecerle que es corrupto pero menos que la policía del país vecino. Entiendo que la corrupción es contagiosa. Deseamos que venga un autobús lleno de turistas y así nos sellen rápido el pasaporte para no arriesgarse a que se sumen a la resistencia todos los llegados. Pero eso no pasa, parece que nadie mas pretende cruzar la frontera hoy. Nos dicen que todos los transportes para irse de allí se han largado ya. Aunque creemos que es un farol para asustarnos y que soltemos los dos dólares. Finalmente el chico francés y el policía empiezan a regatear. Mierda, eso no es lo que quería. El policía debería entender que no es cuestión de dinero, si no de moral. El francés consigue que nos dejen pasar pagando un dólar cada uno. A mi ver es como si no hubiéramos ganado nada. Pero bueno, un dólar es un dólar. En todo el proceso nos hemos mantenido sonrientes y educados, pues se ve que todos somos conscientes de que así es como funciona la sociedad aquí.

Ya en territorio camboyano, aparece un tipo diciéndonos que hay que pagar la tasa, que es así y que todo el mundo la paga, y que nuestro autobús se ha ido, que no quedan transportes. Nuestra simpatía se ha agotado un poco y el francés le dice que eso está mal, que es corrupción y que cuando sales o entras del país en avión no pagas por esos sellos. En los aeropuertos hay un mayor control. Nos dice que nos tranquilicemos que el solo viene a ser amable con nosotros y que nosotros le estamos contestando mal, y entonces nos remarca que hay que pagar. Me pregunto si tiene algo que ver con la construcción del entramado corrupto.

Yo le ignoro totalmente y me dirijo directamente a la ventanilla para que me den el visado de entrada a Camboya. Dejo sobre el mostrador 30 dólares justos junto a mi documentación. Precio exacto y oficial de lo que vale el visado para entrar a Camboya para un europeo. El agente de policía me pide cinco mas, sin amabilidad ninguna. Protesto un poco y pido recibo, pero claro, todo son negativas, y, agotado, le doy cinco dólares extra. En camboyano veo como le dice al tipo sin uniforme que nos estaba hablando antes, que nosotros somos los hijos de puta que no queremos pagar por el sello del visado por el que se supone que nadie debería pagar. No entiendo ni una palabra de camboyano, o khmer, como se llaman los habitantes de Camboya, pero sé lo que han dicho, entre otras cosas porque ha utilizado la palabra “stamp”, que imagino que no tiene traducción en su idioma. Me despacha a desgana y con mala leche, las sonrisas se han acabado. De algún modo, a sus ojos, nosotros somos los que estamos haciendo algo incorrecto. Los franceses tampoco tienen ganas de pelear más, y también pagan los cinco extra dólares sin intentar evitarlo.

Por fin salgo de allí. Con un espacio en blanco en mi visado dónde debería poner la cantidad pagada por él. Una prueba más de la estafa de la que somos víctimas todos los extranjeros que pasamos por allí. Me alivia alejarme de la presencia policial. Me recibe una muchacha sonriente y me informa de que los autobuses han marchado. No se estaban marcando un farol. Trabaja para una de las empresas con sede allí, por suerte, con la que yo tenía el tíquet de autobús. Ella organiza un transporte privado para mis compañeros de guerra y me despido de ellos con un “Don't give up the fight”. Aunque hubiera sido mas apropiado un “Vive la resistance”. A mi me ofrece alojamiento en la casa que hace de estación de la empresa de autobuses para la que trabaja. También ofrecen un básico menú a base de arroz. La alternativa que me ofrece es subirme al autobús del día siguiente sin pagar nada. Si quisiera irme ahora, tendría que pillar un transporte privado bastante caro. El alojamiento consiste en una cama sin colchón en el trastero de la casa, y me piden seis dólares, lo cual es mucho si comparamos con los precios que se manejan en la zona, pero dadas las alternativas, acepto.

Paso el resto del día conversando con la chica que me recibió. Su nombre es Kun. Lo primero que tengo que hacer es pedirle disculpas, pues me cuenta que me han estado esperando y que los demás clientes que iban en el autobús se han enfadado con ella. Le explico el motivo de mi retraso y me dice que si la policía lo dice, es así. En su mente de provinciana camboyana no entra el hecho de que la policía pueda ser mala. Y entiendo porque la policía es tan corrupta en este país. Debe ser tremendamente fácil si la mayoría de la población no te cuestiona solo por llevar uniforme.

Comparto con Kun mi paquete de anacardos, y se sorprende, me dice que son muy caros. Estoy de acuerdo, realmente son bastante caros. Acepta con gusto, pero no a cambio de nada, así que desaparece unos minutos y vuelve con unos mangos verdes con su ácido aliño y los comparte conmigo. Seguimos conversando, dice que le gusta hablar con extranjeros, y que por ello buscó trabajo en la frontera. Me admira su capacidad de aprendizaje, pues habiendo estudiado muy poco en el deficiente sistema educativo camboyano, la chica habla inglés y chino, además de khmer, claro. Solo fue a la escuela hasta los doce años, y a una escuela pública, lo que en Camboya quiere decir no tan cara como las buenas, en la que no daban ningún idioma extranjero. Con ocho hermanos, si ella seguía estudiando, sus padres no podían permitirse llevar al pequeño a la escuela. Así que empezó a trabajar y a cuidar de sus hermanos. Cuando tenía tiempo, me cuenta que iba a alguna escuela gratuita de su pueblo a aprender idiomas. Una de esas escuelas probablemente llevadas a cabo por una ONG, ya sea nacional o internacional, en las que los profesores son voluntarios que están de paso, a menudo sin experiencia ninguna como educadores y que desaparecen sin motivo alguno en cualquier momento. Allí aprendía inglés, pero me cuenta que como más aprendió fue agregando a desconocidos en facebook y hablando con ellos. Me cuenta muchas cosas, como que estuvo deprimida mucho tiempo porque su cyber novio se casó con otra sin decirle a ella nada y se tuvo que enterar por las fotos de su boda que colgó el en Internet, o como que no bebe ni fuma porque eso da la impresión de ser una chica fácil y un poco guarra, y ella no es así. Le digo que una cosa no tiene que ver con la otra, y ella me dice que sabe que en mi país no es así, pero que en el suyo si. Cosa que contrasta mucho con el logo del conejito de playboy de su camiseta, pero claro, entiendo que ella no tiene ni idea de dónde sale, y que lo viste porque se les ha vendido como un logo de moda. Fashionable.

La conversación se interrumpe cada vez que alguien cruza la frontera, pues el hecho de estar charlando conmigo no la aleja de sus obligaciones. Recibe cordialmente a todos los viajeros y los acompaña a cualquiera que sea el vehículo o la oficina a la que deben llegar. Sea o no de su epresa. Le pregunto si hay plaza en alguno, y me dice que no, que solo quedan coches privados ahora, pero que si quiero intentar hablar con algún turista y acoplarme a su destino igual tengo suerte. Paso. En un momento en el que ella se sienta en la mesa de al lado y yo me pongo a leer, veo como uno de los conductores de autobús se sienta a su lado. Ella le habla cordialmente, como habla con todo el mundo, y veo que él se le acerca mucho. Le da golpes, en plan broma, en el lado de la pierna, mientras veo como se toca la polla por encima del pantalón de chándal roñoso. Ella le grita, y luego me mira y me dice que le está diciendo que es muy feo, lo cual es una realidad objetiva, pero aún así el chico no se rinde y sigue dándole cachetes en el muslo mientras le dice algo que no comprendo. El chico me mira, parece buscar complicidad, sin embargo a mi me despierta desprecio, en el mejor de los casos. Se levanta y se larga. No sé si se habrá sentido incómodo bajo mi mirada, o más probable, está ya lo suficiente cachondo como para ir a pelársela. Kun vuelve a sentarse a mi lado y me dice que al chico ese se nota que ella le gusta mucho, pero que él está casado, y por lo tanto está mal lo que hace. Le digo que aunque esté casado tampoco está actuando muy educadamente con ella, y me dice que son cosas de chicos. Que los chicos en su país son así. “Violadores potenciales”, pienso para mí, y se me ocurren mil cosas que decirle sobre el respeto que se merece y como no debería tolerar que la toquen así, pero entiendo su educación. Lo he visto muchas veces, las chicas son educadas para ser siempre amables y sonreír ante cualquier situación, igual que en la España de los 60. Seguramente si montara un escándalo a causa del acoso, la culparían a ella y perdería su trabajo. Así que no sé que contestarle a ello, por lo que solo se me ocurre decirle que se merece más respeto, y que lo que hace el hombre está mal esté casado o no. Solo me contesta un “maybe”. Quizás.

Cae la noche, es la hora de pago. Kun recibe unos billetes de la mano de su jefe y tras contarlos, se borra su sonrisa por primera vez en todo el día. “Dos dólares” me dice, “todo el día aquí metida y me pagan dos dólares”. Le pregunto si sus jefes son un poco tacaños, recupera su sonrisa para mirarme y me dice que nos veremos por la mañana del día siguiente. Agradecido, le doy las buenas noches.


Paso el resto de la noche leyendo y ceno un plato de arroz frito con verduras. Me meto en mi habitación cuando veo que los propietarios de la casa están preparando las camas en el lugar que es el restaurante, o la oficina, o básicamente todo el uso que le puedan dar a cuatro paredes. Cuando estoy en la cama veo que en un lado de la habitación tienen un montón de herramientas y ropas viejas acumuladas. Realmente esto es el maldito trastero de la casa. Pero bueno, no es grave, puedo dormir perfectamente sobre una tabla de madera rodeado por trastos viejos. Cierro los ojos, el sueño me invade, y entonces lo escucho. El roer y correr por entre los trastos. Hay ratas. Me levanto, las busco, no las veo. Supongo que la luz las hace estar mas alerta, sus sonidos se hacen menos frecuentes, así que decido volver a la cama con la luz encendida, cierro los ojos, y pienso para mi mismo. “ Joder, que cabrones. Me cobran seis dólares por un trastero lleno de ratas y a Kun le pagan dos míseros dólares por todo un día de trabajo”. Me duermo.


   

martes, 4 de abril de 2017

La típica película de amor

 Esto es la típica película de amor en la que chico conoce a chica, chico se enamora, chica le ignora, chica se enamora, un mal entendido le hace pensar que está con otra y se dispone a coger un avión para ir a vivir a otro país, o a otro estado norteamericano, mientras, desolado, chico habla con amigo en común, el típico amigo gracioso, y le hace entender porque chica se va. Entonces chico corre, cruza la ciudad, y tras un par de escenas de tensión, se reúne con chica en la puerta de embarque justo a tiempo, ese lugar en el que en realidad no te dejan pasar en los aeropuertos si no tienes la tarjeta de embarque, y, o bien ella no se va, o bien él se va con ella. Así, sin reserva ni nada. Y viven juntos felices para siempre. Leído esto ya os podéis ahorrar ver la mayoría de las películas de amor de los noventa y principios de del dos mil. Ahora bien, éste es el argumento de las películas americanas, si la misma cosa sucediera en la vida real y en otro lugar geográfico, el asunto sería muy distinto.

Hasta el punto en que chica está a punto de coger el avión todo sería mas o menos igual. Solo que con un toque extra de dramatismo sobre actuado digno de los dramas asiáticos. Estamos en Bangkok. Cuando chico se entera de que chica en realidad le quiere y decide largarse a raíz de un malentendido, salta del sofá y echa a correr por las abarrotadas calles de la metrópolis. Esquiva carritos de comida, turistas borrachos que sostienen una cerveza Chang a las diez de la mañana y pesados conductores de tuk tuk, que bien sabe, como buen habitante de la cuidad, que utilizar sus servicios le haría perder más tiempo que ninguna otra cosa. Llega a un taxi, que se niega a poner el taxímetro y le pide una exagerada suma de dinero por el trayecto por lo que para al siguiente que baja la calle, el cual si accede a poner el taxímetro pero sin embargo escoge una ruta mas larga para el trayecto, a pesar de las palabras que chico ha pronunciado al entrar: “Al aeropuerto, lo más rápido que puedas”. Por si fuera poco, el taxista tiene que parar a los pocos metros debido al tráfico. Los coches apenas avanzan por la calle y en la acera ve como los peatones avanzan a más velocidad que él. La chica, por su parte, está a punto de embarcar en el avión que la llevará al otro lado del mundo a iniciar una nueva vida. Consciente de ello, el chico agota su paciencia y decide correr hasta la estación de metro. Exhausto, chico se desespera al ver la cola de gente esperando para comprar el tíquet, y colarse, con los seguratas que vigilan siempre junto a las puertas, no es una opción. Frustrado, se pone a la cola.

Mientras tanto, la chica embarca en el avión, y despega.


Ya en el interior del vagón, chico mira la hora y decide que ya no hay nada que hacer, así que baja del tren y se sube en el siguiente que le lleva de vuelta. El vuelo de su amada ha despegado. Un día, decidirán aclarar el malentendido hablando a través de mensajes de alguna aplicación del teléfono móvil con muchos emoticonos. Pero ella ya está en otro país y la vida sigue. Ambos vivirán sus vidas por separado, vidas normales y corrientes, con sus altos y sus bajos. Fin.

miércoles, 29 de marzo de 2017

BICICLETARIO: LUANG PRABANG

Ya ha pasado la ceremonia de las almas en Luang Prabang, es decir, ya es de día y los negocios abren. Me despierto y me marco un buen desayuno continental. Tengo la intención de que la primera comida del día me dure lo suficiente en el estómago como para dar una buena vuelta en bici. Leí por Internet sobre una ruta a lo largo del río Khan, subiendo por su lado este y bajando por su lado oeste. Así, tras la espera en el lugar de alquiler de bicis, empiezo mi ruta. Luang Prabang va desapareciendo del paisaje conforme avanzo. Los edificios son gradualmente sustituidos por campo y naturaleza. El objetivo es Ban Picknoy, un pueblo donde parece ser que es fácil cruzar el río con la ayuda de los pescadores y sus barcas.

Hago una primera parada en la tumba de un señor francés, que por algún motivo se decidió que descansara para toda la eternidad en medio del bosque, entre nada y ningún sitio. Un tal Henri Mohot, explorador de la época colonial. Para llegar a ella se ha construido un corto pero bonito paseo cruzando un pequeño puente de madera y subiendo unas escaleras formadas a base de moldear el propio terreno de la colina. Al lado de su tumba le han levantado una estatua, de manera que está siempre allí esculpido al lado de la tumba donde descansan sus restos.
Continuo el camino que acaba al lado del río, donde puedo ver a varias recolectoras de algas. Ese alimento conocido como Mekongweed que frito está tan bueno. Me miran y comentan entre ellas algo que incluye la palabra “farang”. Que significa extranjero no asiático. Las saludo y parece que se avergüenzan un poco al ver que me he dado cuenta de que hablaban de mi. Siguiendo en dirección a mi bici por la orilla del río, llego a una pequeña tiendecilla donde compro algo para picar. Me lo como mientras observo como, un poco más allá, unos cuantos laoenses montan una carpa donde celebrarán San Valentín esta noche.

Vuelvo a la carrera. Decido ir hasta Ban Picknoy sin volver a parar. El pueblo donde pretendo cruzar el río antes de iniciar mi camino de regreso. El camino se hace un poco más duro, pero factible, a pesar de sus subidas y bajadas. Llego al pueblo bastante cansado, así que decido aparcar la bici y dar una vuelta caminando. Me paseo por el templo del pueblo y escucho como los locales comentan acerca del “farang” que ha aparecido en el pueblo. Me adentro entre las casas y veo perros, niños y adultos sorprendidos al verme. Los más extrovertidos se atreven a saludarme y dibujan una sonrisa tímida cuando les devuelvo el saludo. Parece ser que el principal motor de la economía del pueblo son las algas del río, puesto que en el patio de cada casa se encuentran cientos de ojas de algas extendidas al sol, secándose, con rodajas de tomate y ajo sobre ellas para darles sabor. Callejeando por el pueblo, si es que a esos polvorientos espacios entre las casas se les pueden llamar calles, acabo de nuevo en la orilla del rio. Allí me encuentro a dos chicas en cuclillas amasando las algas que han recogido del río para convertirlas en una masa homogénea. Cuando me ven les entra una risilla tímida. Les cuesta mantener la mirada conmigo. Le pregunto a una de ellas si le puedo echar una foto, y asiente, pero cuando levanto la cámara, oculta su rostro tras su enorme sombrero. Veo que a su lado descansa una barca y le pregunto si me puede llevar al otro lado del río. Toda la comunicación es a través del lenguaje corporal, porque ni yo entiendo una palabra de laoense ni ella una palabra de inglés. Me dice que no, y me señala un poco más abajo del río donde veo una carpa en la que unos chicos están preparando la celebración de San Valentín.

De camino me cruzo con un hombre si dientes y el logo de SevenUp tatuado en el brazo. Sube corriendo hacia el pueblo y cuando me ve deja al descubierto el agujero negro debajo de su nariz a modo de sonrisa y me saluda efusivamente. Se nota a la legua que va intoxicado por alcohol, o algo peor. Llego a la carpa y de los cuatro chicos que hay allí, uno habla inglés y me dice que el barquero ha ido un momento al pueblo, pero que volverá enseguida. Temo que sea el chico sin dientes. Me pregunta de dónde soy y cuando le contesto me responde que le gusta el fútbol español. “Barcelona, Madrid”. Le sigo un poco el rollo y le digo que si, que tenemos buen fútbol y que soy del Barça, y el es del Madrid. Pero eso no despierta rivalidad en ellos, pues me dice que el Barcelona es su segundo equipo de fútbol favorito. Luego me pregunta que si fumo, que me puede conseguir marihuana y opio. Declino su oferta amablemente y tras unos minutos de conversación superflua, aparece el barquero. El hombre sin dientes al que casi parece que le cuesta mantenerse en pie. El chico que ha hablado conmigo me dice que va borracho, pero que no me preocupe, y cruzamos el río los tres. En medio del río me siento totalmente indefenso y vulnerable. Pienso que he decidido confiar en unos desconocidos que podrían hacerme lo que quisieran impunemente, pues sería muy difícil hallarme si algo me pasara aquí, cuando creo que nadie sabe donde estoy. Luego pienso que he visto demasiadas películas y que son dos chavales contentos de haberme encontrado pues se podrán comprar un par de cervezas más para la celebración de esta noche. Me ayudan a subir la bici por la ladera del río hasta el plano del pueblo. Me despido de mis amigos circunstanciales e inicio el descenso.

Por lógica, debería ser más fácil bajar a lo largo del río que subirlo. Por lógica. Pero no es así. El terreno es una montaña rusa de subidas y bajadas y el asfalto no existe a este lado del rio. Mi bicicleta, de carretera, me ofrece más resistencia en este terreno. De vez en cuando me adelanta un camión y entonces como polvo. Mucho polvo. Lleno mis pulmones de la tierra roja de la cual se compone el camino. Además se me pega a todo el cuerpo por el sudor. La piel se me está poniendo muy roja del sol y entiendo que bajar va a ser lo más duro del recorrido. El cansancio me empieza a apretar, y el hambre también. Entonces veo un resort. Lo había visto anunciado en el pueblo, es uno de esos sitios en los que hacen negocios con los elefantes al que no me gustaría darles dinero. Pero mi supervivencia ahora es una prioridad así que me detengo con la esperanza de poder comer unos buenos fideos y descansar un poco para reponer fuerzas. Me siento y el recepcionista me pregunta que de dónde vengo. Cuando le digo la ruta que estoy haciendo se ríe de mi, y me dice que es mucho. Imagino que suele ver a gente más preparada haciendo dicha ruta. Entonces le pido de comer, pero mala suerte. La cocina está cerrada. Aún así, veo que tienen chocolatinas y recuerdo la energía que me daba de pequeño el snickers, esa con cacahuetes en su interior. Así que cojo un snickers, y de la nevera una beerlao y un agua. Aunque no están frías puesto que durante el día apagan la nevera para ahorrar energía. Y allí estoy, comiéndome un snickers con todo su aceite de palma en un resort que explota a animales salvajes como negocio. El hambre no entiende de principios.


Me largo de allí y sigo mi trayectoria. Muerdo el polvo levantado por los camiones y la montaña rusa sigue siendo igual de irregular. En varias ocasiones incluso tengo que bajar de la bici porque al subida se me hace demasiado empinada para vencerla pedaleando. Llevo ocho horas de trayecto de las seis que me prometía el blog de Internet, pero finalmente diviso el aeropuerto de Luang Prabang, señal de que llego a la ciudad sano y salvo con una experiencia inolvidable a cuestas.



 

domingo, 5 de febrero de 2017

HAIKU JAM

Llevo un par de días enganchado a esta aplicación en la que entre muchos desconocidos creamos mini poemas, que ni son Haikus ni son nada, puesto que nos pasamos la estructura por el forro, pero me apetecía compartir por aquí las que más me gusta como han quedado.










lunes, 30 de enero de 2017

VENGA RANGERS: CIVIL BAR (Episodio V)

(Aunque sea el episodio V de los Venga Rangers, cada episodio cuenta como un relato independiente y comprensible a pesar de no haber leído los anteriores, si quieren leer los anteriores, en la esquina izquierda del blog he añadido la etiqueta "Vengarangers")
El atardecer de Mothman City baña de naranja los rascacielos y el descenso de las temperaturas llena los bares de gente. En un bar de los barrios bajos se toman juntos una cerveza nuestros cuatro súper héroes mientras discuten algo vital. Os lo podéis imaginar, no? Su identidad secreta. Parece un conflicto un poco chorra, pero cualquier excusa es buena para hacer que grandes y rentables súper héroes se peleen entre sí con tal de petarlo en taquilla. La reunión fue convocada por Poderosa Escarlata, quién se sintió responsabilizado a llevar a sus tres amigos al nuevo registro de súper héroes del gobierno.

  • El caso es que el comisario Johnson me pidió que os convenciera, ya sabéis, con tanto lunático enmascarado provocando el caos últimamente en la ciudad, la ciudadanía se ha puesto un poco nerviosa y vuelto un poco escéptica ante la idea de que haya gente con súper poderes que esconden su identidad – explicó Poderosa Escarlata.
  • No.
  • Ni de coña.
  • Qué va!

La respuesta es unánime. Ni MoscaMan ni Estrella Poderosa ni Súper Forzudo están dispuestos a descubrir su identidad puesto que bien conocen la peligrosidad que ello conlleva. Especialmente Estrella Poderosa quien carga en suconciencia con la muerte de su antigua compañera de trabajo Abiona.

  • Vamos – insiste Poderosa Escarlata – Hacedlo por el comisario Johnson, el siempre nos ha ayudado y defendido, sin embargo nosotros no le hemos traído más que problemas. Si le ayudamos en esto tal vez le ayudemos a recuperar el prestigio que tenía.
  • Me la pela el comisario Gordon - replica Súper Forzudo
  • Es Johnson – contesta Escarlata
  • ¡Cómo sea! ¡Otra cerveza! - le pide Forzudo al camarero.
  • Bueno, me gustaría que os pararais a pensar en ello detenidamente. Podríamos ganar mucho dinero vendiendo exclusivas a las revistas – dato importante para Poderosa Escarlata puesto que odia su empleo a tiempo parcial en una hamburguesería.
  • Hombre, visto así... - reflexiona Súper Forzudo al recordar los números rojos de su cuenta bancaria.
  • Pfff – resopla Estrella Poderosa – como si tuviera interés en convertirme en un personaje de la prensa rosa.
  • ¡Vamos! Ya sabes que es lo que mas vende en este país – intenta convencerla Escarlata de que no es mala idea.
  • Imaginaos el interés que tengo yo en darme a conocer – añade Mosca Man acomplejado por su aspecto de ojos grandes y brazos peludos. Por no hablar de sus alas, ahora ocultas enrolladas debajo de su gabardina.
  • Pues por lo menos no serías una puta – le contesta Poderosa Escarlata a Estrella Poderosa
  • ¿¡Cómo!?
  • Y tu podrías trabajar en el freak's show del circo – le dice Súper Forzudo a Mosca Man.
  • ¿¡De qué vas!? ¡Borracho de mierda! - le contesta mosqueado, nunca mejor dicho.
  • Pues eso, que es mejor salir en revistas que tu trabajo – sigue Escarlata a Estrella
  • ¡Vete a la mierda freidor de hamburguesas! - le dice ella
  • Yo al menos tengo un trabajo digno, y no me vendo.
  • ¿Tú, acaso tú no eres el que dice que la riqueza la crea el proletario? - le cuestiona Estrella
  • Si
  • ¿Y no eres también el que dice que la cadena Mc Burger Queen para la que trabajas es maligna debido a la insalubridad de sus alimentos y el maltrato de los animales en sus granjas? Por no hablar de que odias el trabajo – dice Estrella, inquisidora.
  • ¿Qué tiene que ver eso ahora?
  • ¡Pues que tú colaboras a generar la riqueza de una empresa a la que consideras maligna y si consideras que eso no es venderse y lo mío si es que tienes un concepto del sexo mancillado por una rancia moral católico-cristiana, porque, que sepas, que yo elijo a mi clientela y además disfruto del sexo y encima cobrando! ¡Envidioso, que eres un envidioso!
  • ¿¡Cómo que envidioso!? - pregunta alterado Escarlata.
  • ¡Pues si! ¡Ya te gustaría a ti poder cobrar por sexo! ¡Pero con esa cara de pringao que tienes seguro que ni pagando puedes conseguir un polvo!

En paralelo, Súper Forzudo y Mosca Man echan más leña al fuego con su propio conflicto.

  • ¿¡A quién coño llamas borracho!?
  • Joder, yo no llevo ni media y tu ya llevas cuatro cervezas – explica Mosca.
  • Porque tú disfrutas mas bebiendo aguas fecales – dice el forzudo con una mueca de asco
  • Sabes que no lo puedo evitar, es mi deformación genética. Yo no tuve la suerte de convertirme en un playboy musculoso sin cerebro.
  • ¡Oye! ¡Repite eso si te atreves! - reta Forzudo a Mosca
  • ¿El qué? ¿Es qué tus neuronas no han conectado lo suficientemente rápido como para entenderlo? ¡Descerebrado! ¡Qué eres un descerebrado! Te lo repito tantas veces como haga …
THUD

El sonido de un puñetazo de Forzudo en la cara de Mosca acaba con la conversación. Al unísono, Estrella le pega a Escarlata en su cara. Y estalla la tormenta. Conscientes de que no llevan sus trajes, se aseguran de no utilizar sus súper poderes para mantener su identidad. Pero aún así los golpes son violentos, las sillas vuelan y las mesas se parten al caer sobre ellas. Como en las películas de vaqueros, o de Jackie Chan. La resistencia estoica de nuestros héroes hace que la pelea dure lo suficiente como para dejar todo el mobiliario del bar reducido a escombros ante los atónitos ojos del propietario que se pregunta por qué tarda tanto la policía. Y es que era la hora del café y la rosquilla en comisaría. Como cada hora. Sangrantes y exhaustos, la pelea se detiene con el ensordecedor sonido de las sirenas de los coches de policía que vienen a intentar parar el pequeño apocalipsis.

  • ¡Mierda! ¿Ahora qué hacemos? - pregunta Estrella Poderosa
  • ¿Sabéis? Después de esto creo que tenéis razón. Si nos descubrimos, los Venga Rangers van a adquirir muy mala reputación – comenta Escarlata mientras destruye de su bolsillo sus características gafas que sólo lleva cuando ejerce de súper héroe.
  • Joder, me duele la cabeza, la mosquita pega más fuerte de lo que parece. – se lamenta Súper Forzudo incorporándose - ¿Qué sugerís que hagamos?
  • Creo que lo mejor será dejarnos detener y actuar como personas normales que se han metido en una pelea - Propone Estrella.
  • Eso nos va a costar un montón de pasta. Nos van a hacer pagar todos los desperfectos – se lamenta Forzudo.
  • Yo puedo asumir los costes – dice Estrella – pero a cambio tenéis que prometerme que no se volverá a hablar del tema de la identidad secreta. No quiero que nadie utilice a los que me rodean para llegar a mí.
  • Hecho – dice Súper Forzudo.
  • Hecho – dice también Poderosa Escarlata al recibir la mirada de Estrella.

Los tres héroes no oponen resistencia y permiten que los agentes de policía les arresten. Se sienten derrotados, pero no tanto físicamente como moralmente. Al ver los destrozos causados y las magulladuras en el cuerpo de los que siempre son sus dos compañeros de lucha en la gran reiterada hazaña de salvar al mundo, Estrella Poderosa entiende que este es el día más patético de su vida.
  • ¿Qué cojones nos ha pasado? Pregunta echando una última mirada al desolado bar antes de agachar la cabeza para entrar en el coche de polcía.
  • No permitamos que se repita un episodio similar – le contesta Escarlata ya desde el interior del vehículo.
  • Por cierto, ¿ y Mosca? - pregunta Súper Forzudo.
  • Ya sabes, no hay de que preocuparse – le responde Estrella.


Mosca Man había hecho gala de su capacidad para reducir el tamaño de su cuerpo al de una mosca y huir, consciente de que no hubiera podido mantener su identidad secreta debido a sus peculiaridades físicas. Además entiende que tendrá que ser el Venga Ranger de guardia mientras sus tres compañeros están en el calabozo. Y así acaba el particular enfrentamiento de los entre los Venga Rangers, su particular civil war, o mejor dicho civil bar.


miércoles, 4 de enero de 2017

CRISTINA PEDROCHE Y EL VESTIDO DE LA DISCORDIA

Otra vez, a un a riesgo de evidenciar borreguismo, uno de los principales temas de los que debatir durante los primeros días del año es el vestido de la Pedroche. Si, un puto vestido. Me cuesta creer que, a día 3 de enero, todavía haya cantidad de gente comentando y compartiendo artículos sobre si el vestido de Cristina Pedroche en la gala de noche vieja de Antena3 era demasiado provocativo, machista, hortera... Sobre ella, una presentadora de la tele, una asalariada, que si es una zorra, una víctima del patriarcado, una cómplice... Y no lo entiendo. Estamos hablando de A3. Se suponía que estábamos entrando en la era de Internet. Se suponía que íbamos a bajar a los oligarcas de las antenas de televisión y a remarcar su patetismo quitándoles el poder que les otorga el monopolio de la información. Se suponía que a estas alturas las televisiones ya debieran estar rogando likes favs y subs como cualquier idiota con conexión a Internet y verían su poder totalmente mermado ante la capacidad del usuario de seleccionar la vía informativa que consumir. Se suponía que íbamos a derrocar a los demonios de la torre que emite ondas radiofónicas cargadas de manipulación e intenciones oscuras. Pero aquí estamos, día tres y todavía hablando del vestido que llevaba una señora en una fiesta a la que no fui. Yo que no tengo tele y trato de seleccionar la información que consumo de entre diversas y variadas fuentes, veo mis fuentes inundadas por la discordia del momento causada por la televisión, Antena3 para más inri.

Si os importa mi opinión, y si habéis leído hasta aquí es que supongo que si, mi opinión es que me la pela el vestido de la Pedroche, me la pela todo lo que haga una cadena fascista como Antena3, por favor dejad de hablar de lo que en la tele hacen mal, que si tienen a un cantante misógino en un programa de música, que si hacen programas para retrasados, etc, porque les estáis dando poder. A3 suelta el anzuelo de la provocación y vosotros mordéis, dejando que se apoderen así de gran parte de la fuente que se suponía iba a ser su destrucción. Porque os aseguro que la decisión de ponerle a Cristina Pedroche un vestido más pequeño cada año no está alimentada por un principio machista, ni de objetización de la mujer, aunque tal vez si fuera así en primera instancia, ahora solo responde a una única necesidad, conseguir audiencia, y con ella poder, es decir, dinero de las empresas que se publicitan en su canal. Porque les habéis demostrado por tercera vez consecutiva que su idea es un éxito, porque cada año se despierta la polémica y se engancha a una cantidad considerable de espectadores a las campanadas del año siguiente solo para ver el vestido de la Pedroche y poder ser los primeros en twittear que Antena3 es machista o que es una vergüenza que todavía pasen esas cosas. Al ver los resultados a la mañana siguiente, el equipo directivo de la cadena se frotará las manos sabiendo que pueden seguir explotando un año más la simple provocación sin causa que les da tanta audiencia, pidiendo más dinero si cabe a quien quiera ser el primer anunciado del año cuando tanta gente hay delante de las pantallas. Así es la guerra de las audiencias. Es algo que me parece evidente ya desde que empecé a tener conciencia de la voluntad tras el informador: Ganar dinero. 


Pero lo que a mí me parece una vergüenza de verdad, y de la grande, es que le deis tanta cuerda a una cadena rancio-facha como Antena3. Aquellos que supuestamente la despreciáis por vulgar, machista, mediocre, por no ofrecer contenidos de calidad y todas esas cosas que se dice sobre la cadena de televisión en la red, sois una fuente de alimentación necesaria, si no la principal de dicha cadena. Es una obviedad pero parece que todavía hay que decirlo. Antena 3 se aferra al principio de conseguir que hablen de ellos, aunque sea mal. Dijo Oscar Wilde “Qué hablen mal de uno es espantoso, pero hay algo peor, que no hablen”, así que ya sabéis, si queréis dejar a Antena3 y sus mierdas en el siglo pasado, que es al que corresponden, el año que viene simplemente no pongáis la cadena e ignorar el hecho de que el vestido de la presentadora sea más provocativo aún. No dejéis que salten de las antenas de televisión a las redes. Que quienes hayamos tenido la tele apagada el 31 de diciembre no sepamos si quiera el vestido que llevaba tal o cual presentadora, que Antena3 se hunda en la oscuridad que se merece.